Hace unas semanas llegó a la Argentina la fiebre porcina, que al parecer después de las elecciones del 28 de Junio se tornó tan grave que fue necesario declarar emergencia sanitaria y cerrar los colegios (solamente).
Siendo docente, escuché en la última semana de clases diferentes comentarios de los padres: desde “ya nos organizamos para cuidar a los chicos” hasta “qué hago con el pibe todo el día en casa”.
Lógico que uno como adulto tiene la vida organizada y cuenta con el colegio para educar/depositar a sus hijos gran parte del día, pero… a qué precio???
Fui a la libreria y había una madre con cara de desencajada y su hijita de 12 años rogando al empleado que le recomiende un libro para que se entretenga su criaturita… Recién pasó una semana sin colegio y ya no sabe que hacer…
Es una lástima que se haya perdido la posibilidad de que padres e hijos compartan un momento de juego y recreación que tan bien les hace a los chicos… Después se llenan la boca diciendo “me gustaría poder pasar más tiempo con mis hijos…”, pero cuando tienen la oportunidad no saben como sacarselos de encima, como si los peques tuviesen la culpa o hubiesen elegido nacer…

