… y no me refiero a la cena de Navidad.
El viernes pasado, casi a las 3 de la tarde procedo a tomar el tren en la estación Tropezón para volver a mi casa. Llega la formación a la estación, dejo pasar a un señor con su esposa ya estaban con su hijo en un carrito de bebés, dejo pasar a otras personas y cuando estoy subiendo las puertas se cierran. Por suerte pude poner los pies para trabarlas.
Asomé la cabeza para ver si veía al cretino del guarda… nada.
Llega el tren a donde me tenía que bajar…. bajo… y al rato veo que los gendarmes se dirigen al fondo de la estación por una leve trifulca que se estaba armando.
Me acerco yo también ya sospechando de qué se trataba y si…. otro pasajero quejándose del mismo problema.
Discusión va, discusión viene, el guarda, sin reconocer nada y haciéndose la víctima dice: “yo asi no puedo seguir, la formación no sigue hasta que éste señor (por la otra persona que se quejaba) no se baje“.
No sé si este personaje se levantó mal ese día o estaba apurado, pero habría que decirle que debería dejar pasar a la gente antes de cerrar las puertas y más tomndo en cuenta de que no era una hora pico en donde todos se tratan de meter dentro del tren a empujones sino que, con suerte, hay 10 personas que suben y bajan en cada estación.
Y para los muchachos de Metrovías, era el guarda de la formación número UNO que pasó a eso de las 14:50 por Tropezón el viernes 11 del corriente con destino a Lacroze.
De paso, pónganse las pilas con ese 0800 que te tienen 20 minutos en línea para atenderte y decirte, cuando oh casualidad no se corta la comunicación y de modo no muy amable, que firmes el libro de quejas en la estación.

